UNA CANCION DIFERENTE

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Autor: Adhemar Cuellar


¡Alabe al Señor todo ser que respira! Aleluya (Salmo 150,6)

Imagina que tu vida es una rutina, todos los días lo mismo de lo mismo,  eres una persona más que habita el planeta tierra,  eres  tan anónimo como la mayoría. Pero de pronto  tres minutos de tu vida lo cambia todo, tres minutos después de cantar una canción te conviertes en un personaje famoso.  Esto es precisamente lo que le sucedió a Susan Boyle una escocesa. Quizás tú hayas escuchado ya hablar de ella, si no aquí un resumen de la noticia que habla de ella:

¿Quién no ha oído hablar a estas alturas de Susan Boyle? La escocesa que maravilló al mundo en el programa de televisión ‘Britain’s got talent’ (El Reino Unido tiene talento) Hasta hace unos pocos días sólo unos pocos conocían a Susan Boyle. Hoy 30 millones de internautas la siguen por internet y quieren saber todo de esta desempleada que ha saltado a la fama gracias a sus dotes para cantar. Boyle, a la que llaman ‘Voz de ángel’, ha pasado del anonimato absoluto al mundo del espectáculo.

En la última semana ha concedido más de 60 entrevistas, Ha sido entrevistada por la CBS y por la CNN para el programa de Larry King, fue invitada para el programa de Oprah Winfrey y hasta el ‘Washington Post’ la ha llevado a su portada.

Tanta fama y cambios en su vida le han llegado a Susan Boyle y todo por una canción.

En este momento tu puedes pensar eso  del anonimato, a la fama solo le pasa a Susan.  Pues me atrevo a decirte que no es así, nosotros también podemos ser famosos,  nosotros también podemos salir del anonimato  en nuestra vida espiritual.  Todo esto lo podemos lograr también a través de un canto,   por medio de canciones y alabanzas a nuestro creador saltamos del silencio y anonimato, pasamos a ser famosos en el Reino Celestial.

Cada vez que voy a la iglesia me causa tristeza ver que los labios de los feligreses no se mueven,  cuando se escucha al ministerio de música entonar y cantar alabanzas. La mayoría permanece en silencio: ¿no sabrán cantar? ¿Les dará vergüenza cantar?, nunca se les ha ocurrido pensar que ellos pueden hacerlo, deben hacerlo, cantar himnos y alabanzas al REY de la gloria.

Tenemos que descubrir el poder que existe en la alabanza,  debemos conocer que cada vez que entonamos salmos, himnos y canciones  para Dios,  Jesucristo le comunica al Padre para que escuche  las alabanzas y  el Padre halagado y emocionado por que sus hijos lo honran, lo proclaman y alaban, derrama gracias y bendiciones abundantes, en la vida y en los corazones de todos los “cantantes Cristianos”.

Como  siervo del Señor, los momentos de mayor jubilo, los  días en los que la felicidad y alegría inundan mi corazón, son días que he dedicado algunos minutos  de mi tiempo para cantar y alabar a Nuestro Dios.  Es una experiencia  inenarrable la que se vive cuando uno empieza  el día cantando para Dios:

- Este es el día, este es el día que hizo el Señor,

Día de alegría, día de alegría y de gozo (Salmo 118,24)

-Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas…

Mi alma tiene sed de ti, tiene sed de ti. (Salmo 42,2-3)

-Los que esperan, los que esperan en Jesús

Como las águilas como las águilas sus alas levantaran

Caminaran y no se cansaran, correrán no se fatigaran

Nuevas fuerzas tendrán nuevas fuerzas tendrán

Los que esperan los que esperan en Jesús… (Isaías 40,29-31)

Me llama  la atención como termina el último salmo de la Biblia: ¡Alabe al Señor todo ser que respira! Aleluya (Salmo 150,6). Es decir que el Salmista nos pasa la invitación y nos dice; ¡ahora sigues tú!  Ahora les toca a ustedes, cantar y alabar al Señor

Este es un tiempo de gracia y misericordia, no perdamos la oportunidad de aprender a cantar y alabar al creador del universo.  A lo largo de nuestra vida,  dediquemos minutos, horas y días  en aprender y entonar canciones y alabanzas para el Jesucristo nuestro Salvador.

Si lo hacemos dejaremos de ser feligreses y cantantes anónimos,  por lo contrario nos convertiremos en personajes famosos y conocidos en el  Reino Celestial.  Nuestro nombre estará inscrito en el libro de la fama. El libro de la vida eterna

Para terminar esta reflexión, los invito a que todos juntos  digamos a nuestro Creador:

Oh Dios, mi corazón está dispuesto, mi corazón está atento, quiero cantar y tocar para ti (Salmo 57,8) Amen.

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