VIDA DESPUES DE LA MUERTE

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Autor: Adhemar Cuellar

En la televisión pasaron un reportaje, el tema principal del programa era: ¿Existe la vida después de la muerte?   Este reportaje fue seguido con atención por  Teófilo.

Pensando aun en el reportaje Teófilo se dirige al trabajo.  Antes de empezar su rutina diaria, pregunta a su compañero de trabajo: ¿Tú crees en la vida después de la muerte?

El aludido, ante esta inusual pregunta responde con una sonrisa: “Tendría que esperar a que se muera mi esposa para creer y conocer  si existe vida después de la muerte” “Si ella muere recién podre experimentar la vida después de la muerte”…

Ante las dudas que ocasiona la cuestión de la vida después de la muerte,  déjenme decirles que hay una buena noticia.  Usted no tiene que esperar a que le respondan los demás acerca de ello.  No tenemos que esperar que se muera la suegra, no tenemos que esperar que se muera el esposo que hace sufrir,  la esposa que es una compradora compulsiva, no tenemos que esperar que la guerra termine, para que exista la vida después de la muerte no hay que esperar que sucedan un sinnúmero de acontecimientos,  La buena nueva, es que hoy, en este momento usted puede experimentar y conocer si  hay vida después de la muerte.

La respuesta a tan compleja pregunta la encontramos en el capítulo 6 de la carta a los romanos:

“Pero si hemos muerto con Cristo, debemos creer que también viviremos con él. Sabemos que Cristo una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; desde ahora  la muerte no tiene poder sobre  él.  Así pues, si hay una muerte para el pecado que es para siempre, también hay un vivir que es vivir para Dios.  Así también ustedes deben considerarse a sí mismos muertos para el pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.  No dejen que el pecado tenga poder sobre este cuerpo -¡Ha muerto!- y no obedezcan a sus deseos. No le entreguen sus miembros que vendrían a ser como armas perversas al servicio del pecado. Por el contrario, ofrézcanse ustedes mismos a Dios, como quienes han vuelto de la muerte a la vida, y que sus miembros sean como armas santas al servicio de Dios. El pecado ya no los volverá a dominar, pues no están bajo la Ley, sino bajo la gracia. (Romanos 6,8-14)

En la medida que usted esté dispuesto a entregar su vida a Cristo.  En la cantidad de rechazos y negaciones a tantas y tantas ocasiones de pecar. Cada vez que usted se esfuerza y decide decir NO a las ocasiones de pecar,  tenga plena seguridad que usted encontrara y experimentara que si existe vida después de la muerte.

Me alegra conocer que nuestro cuerpo es como  un arma mortal,  todos nuestros sentidos y nuestros miembros son armas más letales que una bomba atómica.  Si esta arma que es nuestro cuerpo lo entregamos al pecado se convertirá en arma mortal que causara mucho daño en nosotros y en todas las personas con las que convivimos y compartimos.  Pero si ofrecemos nuestro cuerpo a Dios, este se convertirá en un arma santa,  nuestra vida se convertirá en un explosivo capaz de destruir  hasta un alcance inimaginable, nuestro cuerpo se cubrirá de la luz divina luz verdadera que ilumina y destruye toda oscuridad y tiniebla.

Experimentar si hay vida después de la muerte está al alcance de nosotros.

Conocer la vida después de la muerte, es un reto que se nos presenta día a día, si logramos vencer, si salimos victoriosos en cada combate espiritual, en cada prueba y batalla ganada, Cristo nos promete y garantiza que comenzaremos a experimentar el poder de la resurrección. Y que el pecado no nos volverá a dominar por que ya no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia. ¡Aleluya!

Oración: Señor en este momento de mi existencia, quiero darte gracias porque tu palabra me enseña como experimentar la vida  después de la muerte, Señor en este día entrego mi cuerpo, entrego todos mis sentidos, como un sacrificio vivo y santo con la plena confianza de agradarte.  Señor quiero experimentar el poder de tu resurrección.  Para eso estoy dispuesto a luchar y pelear el combate espiritual  que tengo que realizar día a día, Creo en mi corazón que con cada triunfo, en cada negación al pecado y en cada victoria sobre el, tú me concederás la gracia de vivir y conocer lo que se siente vivir después de morir.  Amén.

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